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	<title>Letrasenredadas.com &#187; Vivencias</title>
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	<description>Humor para bajar los humos · Por decirlo en palíndromos, para “asirnos a la sonrisa” · Así, redada de risa.</description>
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		<title>La broma infinita de Peter</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Aug 2009 22:34:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ángel Peña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vivencias]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
		<category><![CDATA[París]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro de Miguel]]></category>

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		<description><![CDATA[Pedro de Miguel me enseñó a hacer reseñas de libros. Probablemente, el género ¿periodístico? que más satisfacciones me ha proporcionado en mi no siempre satisfactoria carrera. Con mucha diferencia.
Y Peter sigue estando, de alguna manera -constante, inconsciente, mágica…-, en el placer de sentirme “dentro” de un libro, superada la barrera de la pereza, el miedo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.letrasenredadas.com/pedro-de-miguel/" target="_blank">Pedro de Miguel </a>me enseñó a hacer <strong>reseñas de libros</strong>. Probablemente, el género ¿periodístico? que más satisfacciones me ha proporcionado en mi no siempre satisfactoria carrera. Con mucha diferencia.</p>
<p>Y Peter sigue estando, de alguna manera -constante, inconsciente, mágica…-, en el placer de sentirme “dentro” de un libro, superada la barrera de la pereza, el miedo y los prejuicios (valgan las redundancias)… Y que encima te paguen por ello. No mucho. Peter, por ejemplo, no era rico. Ni falta que le hacía. <strong>Sus eternos jerseys lisos </strong>no parecían muy caros, y de vez en cuando engañaba a algún capitalista motorizado para que lo llevara a buscar setas.</p>
<p>Sin embargo, un día decidió viajar a una de esas ciudades a las que viajan los ricos de los libros: París. Y me llevó con él. En un <strong>alarde de sofisticación</strong>, la revista <a href="http://www.unav.es/nt/" target="_blank">Nuestro Tiempo </a>iba a cubrir las <a href="http://212.77.1.247/holy_father/john_paul_ii/travels/sub_index/trav_paris-1997_sp.htm" target="_blank">Jornadas Mundiales de la Juventud </a>con Juan Pablo II.</p>
<p>Era el verano de 1997. Peter y yo no éramos ya muy jóvenes. Yo había cumplido los 25 y aún no había iniciado este decrecimiento mío, a lo <a href="http://www.benjaminbutton.com/" target="_blank">Benjamin Button</a>, que me ha devuelto a la adolescencia; pero esa es otra (lamentable) historia. Peter tenía el pelo <strong>blanco, blanco, blanco</strong>. Desde siempre, según la leyenda. Y los alumnos de la <a href="http://www.unav.es" target="_blank">Universidad de Navarra </a>que no le habían escuchado aquella risa suya palindrómica –que, efectivamente, te asía para no soltarte ya nunca más- creían que era un señor muy serio.</p>
<p>Pero, pese a los años, ambos teníamos una cuenta pendiente con París. Para mí París también era un mito. Y un reto: tras toda una vida mirando el mapamundi entre suspiros, llegaba el momento de conocer, al fin, uno de las grandes dianas de <strong>los alfileres de la Historia</strong>, la literatura y (como sabría después) la pamplina. Para Peter suponía algo más. Su generación aprendía francés como la mía (se supone que) inglés. Y los escritores iban a París y traían la cultura. La Cultura. Lo de los niños no estaba documentado, pero la literatura no podía mentir. Que diría <strong>Vila-Matas</strong>.</p>
<p>No viajamos en avión. La frugalidad presupuestaria de la revista (una noche dormimos en un centro de peregrinos, otra desfallecimos en la explanada de las Jornadas…) me permitió descubrir las ventajas de viajar en tren. Después, el recuerdo de Peter se me colaría en la lectura de una novela de Antonio Orejudo con ese título. Peter compañero de <strong>traqueteo y raíles y destino París</strong>, en el asiento de al lado, con un libro en las manos. <strong>Leía a sorbos. </strong>Un rato de concentración; otro rato con el libro cerrado y el rostro pétreo (con perdón) y socrático y etc.</p>
<p>Yo había decidido aprovechar el viaje para, entre otras cosas, absorber toda la sabiduría que manara de mi maestro. Le pregunté si leía así para reflexionar a fondo sobre cada pasaje.<strong> “No, es que me canso”.</strong> Vaya. O sea, que yo no era el único que se cansaba de la gran literatura. Incluso Peter, el Lector… O sea, que <strong>el truco, a lo mejor, es tener paciencia</strong>… Y la sonrisa traviesa de Peter, eterno niño grande.<br />
Más tarde, tuve el honor de devolverle la iluminación con un deslumbrante descubrimiento filológico (recuérdese que estábamos expuestos a las irradiaciones de la luminosa Ciudad de la Luz…) En algún momento del viaje, quise aportar mi granito de sofisticación en una de aquellas conversaciones surrealistas tan del gusto de Peter. Supongo que acababa de leer en algún sitio la cultísima palabra “perorata” y había encontrado un resquicio para introducirla. Pero la frase en cuestión no me pedía un sustantivo. Sin mayor problema, conjugué el verbo “perorotar” con toda soltura.</p>
<p>La peculiaridad de Peter convirtió un mero error gramatical en <strong>el himno de nuestro viaje a París</strong>, plagado de gente que no paraba de <strong>perorotar y venga a perorotar</strong>. La ciudad, por cierto, devino en la desilusión que, más tarde, aprendí a intuir como inevitable (sólo últimamente, con la reinvención de la adolescencia, intento&#8230; pero ésa también es otra historia). Hacía un calor insoportable; <a href="http://www.notredamedeparis.fr/-English-" target="_blank">Notre Dame</a> parecía más pequeño que en los libros, sin sombra de jorobado; no vimos ni un poeta bebiendo absenta…<br />
Pero hoy recuerdo aquel viaje y se me antoja más valioso que ninguno de los muchos que mi carrera (no siempre satisfactoria) me ha permitido hacer. Y cuando me dispuse a buscar escenas concretas para escribir estas líneas, descubrí en el centro del viaje (de MI viaje) la risa con la que Peter celebró mi peroratoración, que quedaría ya para siempre en uno de los lugares de honor de nuestra complicidad. <strong>Celebración</strong>. Ésa es (creo) la palabra perfecta para definir la risa de Peter ante mi invención del lenguaje. Como cuando el <a href="http://www.unav.es/fcom/profesores/barrera.htm" target="_blank">profesor Barrera </a>le mostraba su último palíndromo o descubríamos alguna errata memorable en las pruebas de Nuestro Tiempo. No era una burla. <strong>Imposible enfadarse con Peter</strong>, el bochorno pasaba pronto, cuando su risa nos asía (con perdón) y todo (incluso un París decepcionante) era una fiesta. A lo mejor es a eso a lo que se refería Heidegger con lo de “<strong>el lenguaje es donde mora el ser”</strong>. O no. No sé, no me llega para tanto. A lo mejor estoy perorotando. Tengo que leer algo al respecto (y a otros respectos). Para enterarme y/o reírme un poco.</p>
<p>Ah, y a París, la de verdad, que le sigan dando. Porque <strong>a mí siempre me quedará París</strong>.</p>
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		<title>Fetén y chanchi piruli</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Aug 2009 09:25:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan José García-Noblejas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Humor gráfico]]></category>
		<category><![CDATA[Vivencias]]></category>

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		<description><![CDATA[Alguien me repetía la monserga de que las viñetas de los periódicos no son información, o periodismo, porque no tienen que ver directa y puntualmente con la realidad de los hechos empíricos, que –según ese alguien- es lo fetén o chanchi piruli. Y porque en todo caso son opinión, cosa máximamente sospechosa para los amantes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Alguien me repetía la monserga de que las viñetas de los periódicos no son información, o periodismo, porque no tienen que ver directa y puntualmente con la realidad de los hechos empíricos, que –según ese alguien- es lo fetén o chanchi piruli. Y porque en todo caso son opinión, cosa máximamente sospechosa para los amantes de la verdad verdadera, científica, de los hechos sagrados y tal y cual.</p>
<p>Ya no me afecta demasiado esa cantinela, porque sé que hay gente que si -por ejemplo- les dicen que el Barça es més que un club, les viene la duda de si se trata de un par o tres (y además nunca saben a ciencia cierta si el tres se refiere a clubs o a pares). Asunto que, para los no expertos en futbol, viene a ser algo así como cuando en el mercado te dicen el precio de mitad y cuarto de pollo: no es fácil saber si el cuarto es del pollo entero o de la mitad.</p>
<p>El caso es que –lo mismo que los niños buenos no deben meterse el dedo en la nariz- hay gente, sobre todo en el poder, que dice que un buen periodista y un buen lector nunca debe meterse en cosas de esas, inciertas,  cosas de la semántica y de la pragmática, cosas que rayan en la obscenidad o pornografía académica. Deben atenerse simplemente a los hechos verificados y sanitizados y su certeza oficial. O sea, lejos la funesta manía de pensar (por libre), lejos buscar la verdad de las cosas.</p>
<p>Por poner un poner concretito: el asunto hispano de la objeción de conciencia ante el aborto y otras menudencias entre los profesionales sanitarios.</p>
<p>La verdad verdadera, se oye pensar a algunos cerebros privilegiados, es siempre algo que, de hecho, casualmente coincide con lo que en cada momento conviene al gobierno, sobre todo si es el gobierno español que se lleva en esta temporada. No sé qué sucederá en el momento en que se publique esto que ahora escribo, porque quizá dentro de cinco minutos, por aquello de la ley de la relatividad relativa al gobierno, la verdad fetén y chanchi piruli hispánica sea otra, al menos sobre este asunto en el que el gobierno mete baza, pretendiendo que no meta baza nadie más, y menos la ciudadanía.</p>
<p>Así las cosas, tranquiliza cantidad ver estas viñetas de El Roto, publicadas en El País, metiendo baza en el asunto de la verdad y en el de los periodistas. La mentira preventiva –un arma de destrucción masiva como cualquier otra- ha funcionado bastante bien en lo de la conciencia y los sanitarios hasta que han metido baza los periodistas. Esos malditos periodistas que –con el periodismo 2.0 y  los social media- resulta que escuchan ahora a diestro y siniestro a la sociedad civil, en vez de contentarse con la melodiosa voz del gobierno, porque quien manda hace la ley, y con ella la verdad.</p>
<p>Total, que un señor ministro de la cosa sanitaria ha dicho que la verdad verdadera consiste en que hay que liberarse de la propia conciencia, sobre todo si es moral, porque no se puede objetar con ella, y menos contra la liberadora ley del aborto.</p>
<p>O sea, que no hace falta que la ciudadanía actúe en conciencia, porque ya se encarga el gobierno con sus leyes inapelables de liberarnos de algo tan atrasado respecto de la modernidad  como es la conciencia personal. O su contrario, que tanto da<span> la liberación ideológica como la regulación de la objeción de conciencia &#8220;en todos los ámbitos&#8221;. </span></p>
<p>Nos queda El Roto para activar la conciencia personal, la que -pardiez- le costó el cuello a Tomás Moro, ante los abusos de poder de un gobernante amigo. O si lo miramos con horizonte menos sangriento, el asunto es casi como lo de Humprey Bogart con Ingrid Bergman en Casablanca: como tienen conciencia, no se lían, y así siempre les queda París. Verdad fetén y chanchi piruli total, muy lejos -por ejemplo- de Winston Smith y Julia en el ministerio de la verdad o el del amor, protuberancias del gran hermano, su Ingsoc, su Neolengua y demás cosas que acechan aquende 1984.</p>
<p>PS &#8211; y todo esto, además, olvidaba decirlo, para asociarme a las tesis de Allendegui: <a href="http://www.allendegui.com/2009/07/23/contar-las-noticias-con-humor-y-ser-el-mas-creible-de-eeuu/">Contar las noticias con humor y ser el más creíble</a>, incluso de EEUU.</p>
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		<title>Aeropuerto transparente</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Aug 2009 03:27:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Allendegui</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vivencias]]></category>
		<category><![CDATA[Aeropuerto]]></category>
		<category><![CDATA[Ciudad de México]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[
Mi vuelo llegó a la nueva terminal del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México: la terminal 2. Salimos  del avión y empezamos a desfilar como robots hacia la zona de inmigración.
El edificio en sí no me impresionó mucho, aparte de estar más agujereado que un queso y de tener tres plantas. Llegamos a un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.allendegui.com/wp-content/uploads/2009/08/maletas.jpg"><img style="border: 1px solid black;" title="maletas" src="http://www.allendegui.com/wp-content/uploads/2009/08/maletas.jpg" alt="" width="400" height="300" /></a></p>
<p>Mi vuelo llegó a la nueva terminal del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México: <strong>la terminal 2</strong>. Salimos  del avión y empezamos a desfilar como robots hacia la zona de inmigración.</p>
<p>El edificio en sí no me impresionó mucho, aparte de estar <span style="color: #888888;">más agujereado que un queso</span> y de tener <a href="http://www.allendegui.com/wp-content/uploads/2009/08/plantas.jpg" target="_blank">tres plantas</a>. Llegamos a un puesto de control y rellenamos un formulario sobre síntomas de gripe porcina. Seguimos avanzando y pasamos aduana. Bastante rápido. Finalmente, la zona de equipaje. Esa sí que me llamó la atención ya que a través de una cristalera, como un gran escaparate, se podía ver la labor de los maleteros descargando los equipajes de nuestro vuelo. &#8220;Eso sí que es <strong>transparencia</strong>&#8220;, pensé yo. Detrás mía, un señor no se conformó con pensarlo, y manifestó sus cavilaciones en voz alta:</p>
<p>- &#8220;Esto es transparencia&#8230; para que puedas ver cómo maltratan tus valijas&#8221;.</p>
<p>Lo más irritante es que, efectivamente, la transparencia no parecía importar mucho a los maleteros, que manipulaban el equipaje con rudeza. A mi alrededor podía observar los rostros demudados de algunos pasajeros que veían cómo sus maletas iban a dar contra el suelo con estrépito. En mi caso, he de decir que recuperé todos <strong>mis bultos íntegros</strong>.</p>
<p>Seguí andando y me llamó la atención que en la nueva terminal <strong>se preocuparan tanto por la salud de los viajeros</strong>, y es que hasta había señales para advertir a la gente se preocupara por <a href="http://www.allendegui.com/wp-content/uploads/2009/08/talonius.jpg" target="_self">sus talones.</a> Supongo que cargar maletas deber ser muy malo para los pies.</p>
<p>También me dio la impresión de que era <strong>una terminal divertida</strong>, ya que <a href="http://www.allendegui.com/wp-content/uploads/2009/08/banda.jpg" target="_blank">al parecer había muchas bandas</a>, supongo que amenizando el tránsito a los viajeros. Así que, salvando alguna contradicción, como una señal que <a href="http://www.allendegui.com/wp-content/uploads/2009/08/manos.jpg" target="_blank">para explicar cómo lavarte las manos te indicaba unos pasos</a>, mi experiencia en la terminal fue buena.</p>
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