Enviado el 20 de Octubre por J. en El baúl

Que no nos quiten nunca la crisis a los de siempre. Me gusta tanto pasear por las mañanas, charlar con los jubilados y, sobre todo, la visitas mensual a la oficina del paro:
Número. El panel. Mi turno. Qué rápido pasa el tiempo.
Hola, digo.
Siéntate, por favor, siéntate, me dice.
Y luego ya confraternizamos.
Recuerdo los años en la facultad de filosofía. Me habla de sus hijos. Saca unas pastas, anda coge una de chocolate, coge.
Coincidimos en que el Nóbel debería haber sido para Goytisolo.
Al final elegimos entre los dos vidas posibles para mí:
- Qué ponemos, ¿fotógrafo?
- Hmmm. Fotógrafo. Vale. Vale. Fotógrafo.
- Y Cocinero.
- ¿Tú crees?
- Claro, ¿Y por qué no?
- Venga, pues.
- Cocinero Nuclear.
- ¡Anda!
- Toma, no.
- …
- …
- Pe… perdona
- Dime.
- Siempre he querido ser embajador en algún sitio, ¿podría ser?
- Perfecto.
- En Cuba.
- ¡Mejor!
Salgo a la calle. En la boca todavía queda chocolate. Me chupo los dientes. Me aflojo un poco el cinturón.
(La ilustración, de aquí)
Enviado el 21 de Septiembre por J. en El baúl

Albricias,
Ortega Cano tiene (nueva) novia o amiga, según la fotografía cuyo pie reza así:
De la mano y muy sonrientes.
No se habla de otra cosa,
para qué.
Migas de pan
y circo romano.
Programa rosa vespertino, al teléfono el hermano astuto de la (nueva) novia o amiga -he ahí la cuestión- de Ortega Cano. La cosa, para los periodistas (bueno, Patiño/ Mariñas), es salir de dudas, sonsacar por lo pagado. Amortizar. Destrozar. Saciar al público. La cosa para el hermano es sacar tajada sin decir mucho.
Tira y afloja. Nadie se aclara.
Hasta que por fin, la pregunta:
¿Qué opinión le merece a su hermana Rocío el acto ese de cogerse de la mano?
Enviado el 13 de Agosto por J. en El baúl
Leo que Fernando Alonso ha entrado en la lista Forbes de los 100 famosos más ricos y poderosos del mundo, así que salgo a la plaza para comprobar cuánta es mi influencia en el entorno. Me detengo junto a una farola y enciendo un cigarrillo. En el banco de la izquierda, un grupo de padres charla distraídamente -ninguno se percata de mi presencia- mientras sus hijos se arrastran por el pavimento como limacos. Uno de los pequeños me observa desde el suelo con ojos de canica china:
Hola
Le sonrío, qué voy a hacer.
Hola
Sonríe también. Enseguida, otea el suelo y, estirando la mano gordezuela y mugrienta, coge una colilla pisada y se la mete a la boca. Chupa. Le hago gestos para que se deshaga de eso antes de que nadie lo vea, caca, caca, le susurro, caca. Miro con fingida cara de asco mi cigarro, aaahg, lo tiro al suelo y lo piso. Caca, repito. Mierda, grita el niño con la colilla pegada al labio. Todos los padres se vuelven hacia él al unísono. Muecas de espanto. Salgo por patas.
Enviado el 12 de Agosto por J. en El baúl
Le dije: Mira, qué te parece.
Él dijo: Me gusta mucho. Pero el morro blanco… ¿no se la confundirá con un oso?
Le dije: Bueno ¿Tú has visto alguna vez a la pantera de Górliz?
Él dijo: Pues no.
Le dije: Pues eso.
(En imagen, sí, la pantera – que no amanita pantherina- de Górliz)

Enviado el 8 de Agosto por J. en El baúl
que curioso que curioso empezar a leer Y yo que tú yo que tú ya no me moriría precisamente el día de tu cumpleaños. Para Javi que no sabía alemán y ni falta que hacía. Recuerdo el libro en el buzón yo abriendo el buzón que nunca abría. Barakaldo. Y un sobre y un remitente: Peter. Peter. Y dentro la novela y dentro la dedicatoria. Y leer el comienzo rápido muy rápido sin enterarme de nada como si la ansiedad prendiera fuego a las hojas y tan rápido que me dolía la cabeza te dolerá la cabeza me duele la cabeza y vuelta a empezar no empezando sino como empezara. Por la calle y en el autobús y en el metro releyendo la dedicatoria y riendo y luego Pippit de nuevo Como cuando acabas de abandonar la cárcel y tienes delante de la puerta un abanico de posibilidades abanicables: norte o sur o este y oeste o noreste y noroeste y suroeste y norsur y surnoreste o norestesur de tal manera que si piensas detenidamente la serie de decisiones que debes tomar volverás a entrar a la celda pidiendo por favor una condena generosa por un delito mínimo riendo solo no como el que ríe un ingenio sino con la satisfacción de un niño que aprende el significado de la palabra patata PA-TA-TA y repite PATATA PATATA PATATA muchas veces y así hasta transformar la patata en energía y la energía en feldespato.
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