Letrasenredadas.com

La pantera de Górliz

Enviado el 12 de Agosto por J. en El baúl

Le dije: Mira, qué te parece.

Él dijo: Me gusta mucho. Pero el morro blanco… ¿no se la confundirá con un oso?

Le dije: Bueno ¿Tú has visto alguna vez a la pantera de Górliz?

Él dijo: Pues no.

Le dije: Pues eso.

(En imagen, sí, la pantera – que no  amanita pantherina- de Górliz)

pantera2


Ya le contestaría

Enviado el 12 de Agosto por Juan José García-Noblejas en Humor gráfico

Me encantan los fastuosos “condicionales potenciales”, tan navarros y tan frecuentes en la redacción de Nuestro Tiempo.

Imaginaría a Peter, sentado en la mesa grande de la redacción, escuchando pacientemente, en silencio,  al habitual hablador enrrollado de turno, que en vez de preguntar de una vez (como el tipo del comité del Senado Usa de la viñeta), perora y perora…

Imaginaría a Peter pensando para sus adentros lo que dice el paciente tipo de la viñeta del New Yorker: “Pues si éste se callaría, ya le contestaría”.

O así (sería).

[Recuerdo en el segundo aniversario de Peter]


El mejor humor gráfico: La vacuna contra el miedo

Enviado el 12 de Agosto por Allendegui en Humor gráfico

Lo mejor del humor gráfico del día:

De Matador, en El Tiempo:

matador.eltiempo

De Ramón, en Diario de Navarra:

ramon.ddn

De Leonard Beard, en El Periódico:

leonardbeard.elperiodico

De Forges, en El País:

forges.elpais

De Macanudo, en La Nación:

macanudo.lanacion


¿Qué harías si ganaras mucho dinero?

Enviado el 12 de Agosto por Allendegui en Humor gráfico

Estas fueron las viñetas cómicas que más nos gustaron hoy:

Mingote, en ABC.

mingote

Jim, Jam y el Otro, en La Nación de Argentina:

miau

Erlich en El País:

lopez


El hilo

Enviado el 11 de Agosto por Allendegui en El baúl

Siempre quise conocer a Peter. Así que un día me puse un hilo rojo sobre el hombro. Yo sabía que él era una persona que se preocupaba por los demás, hasta en los detalles más pequeños, y que seguramente repararía en aquel trozo de lana que desmerecía mi aspecto. Nos cruzamos en la calle y se acercó a mí. Tendió su mano y me retiró el hilo. Me sonrió e hizo un tic con el ojo. Así conocí a Peter. Después de tener una conversación muy entretenida, llena de vericuetos y anécdotas, nos despedimos, y prometimos saludarnos la próxima vez que nos viéramos. Nunca más volví a verle. Ahora acabo de enterarme de su muerte y se siente el vacío y la soledad de perder a un buen amigo.


Veía boinas por todas partes

Enviado el 10 de Agosto por Ander Izagirre en El baúl

Si los vizcaínos inventaron el grito triunfal del alirón,  los guipuzcoanos inventamos la palabra vasca para decir “campeón”: txapeldun (literalmente: “el que tiene txapela”). Es más: la palabra txapeldun con el significado de campeón nació en mi familia. Ahí queda eso.

La historia del alirón es conocida. Ese grito de celebración nació en las minas de Triano, a dos pasos de Bilbao, cuando las compañías inglesas explotaban los grandes filones de la zona: “Si el hierro extraído era muy puro, los mineros cobraban paga extra. Se pasaban la noticia con un canto triunfal: «¡Alirón!, ¡alirón!». Eran las palabras que los ingenieros británicos habían escrito con una tiza en el mineral: all iron. ¡Todo hierro!”.(estas líneas pertenecen a La montaña del alirón (pdf), el primer capítulo del libro Cuidadores de mundos).

La palabra txapeldun debe de existir desde que existen las txapelas. Pero el significado de txapeldun como “campeón” sólo tiene unas décadas de historia. Porque la costumbre de poner txapelas a los campeones es reciente: la inventó Patxi Alcorta, el hermano de mi abuela Maritxu.

Mi tío abuelo Patxi. Menudo tío. Menudo historial de apuestas, inventos y empeños. Se dedicaba a vender globos a los niños (en Semana Santa sólo los vendía morados) y durante años se devanó los sesos para inventar un globo cuadrado. Una vez se fue a la playa de La Concha con un burro llamado Armaxapo, lo ató a una cometa gigantesca y trató de pasarlo volando hasta la isla de Santa Clara. El periodista Roberto Pastor le hizo una entrevista sobre aquella apuesta en la que perdió mil pesetas: “Hacía mucho viento -explicaba Patxi- y no es que voló el burro, es que casi me lleva a mí”. “¿Y qué hiciste? ¿Soltarlo?”. “No. Até”. Le encantaban las cometas: un día, ató dos de ellas a unos árboles en el monte Ulía, les puso varias luces y las soltó. Bajó al paseo de la Zurriola y empezó a dar voces y a señalar aquellas luces flotantes, diciendo que era un ovni. En la víspera de Reyes se disfrazaba de astronauta en el paseo de la Concha, recogía las cartas de los niños y las lanzaba al cielo en globos de gas.

Otro día, se acercó a una apuesta de arrastre de piedras con bueyes y anunció que invitaba al campeón a comer en su bar (el ya desaparecido bar Irutxulo, en la calle Puerto, número 9). Cuando al mediodía apareció el casero ganador, Patxi dijo que él no, que la prueba la habían ganado los bueyes. El casero dio media vuelta, apareció al rato con los bueyes y los metió en el bar. Tengo por ahí un par de fotos estupendas de aquel momento (a ver si cuelgo esas y otras): aparece Patxi dando un cubo de vino a los bueyes ganadores, que están apretados entre la barra y la pared. El jaleo vino cuando descubrieron que los bueyes no tienen marcha atrás… En ese mismo bar comían  todos los ganadores del Cross Internacional de Lasarte. Y Patxi les pedía que primero sirvieran un rato en la barra: Emil Zatopek, Mariano Haro, Abebe Bikila y Mamo Wolde estuvieron sirviendo vinos a las cuadrillas de poteadores de la Parte Vieja.

Otra idea de Patxi sigue resonando en los domingos donostiarras: se le ocurrió lanzar cohetes desde el campo de Atotxa para que los pescadores supieran cómo iba la Real. Cuando marcaban los de casa, lanzaba dos cohetes. Cuando marcaba el rival, uno. Al principio le ponían una multa por cada cohete. Luego la costumbre se institucionalizó. Y ahora, desde Anoeta, se mantiene ese morse dominical donostiarra.

En ese trato habitual con los deportistas, Patxi decidió que a los campeones había que distinguirlos con un regalo propio de la tierra. “Lo de los trofeos y las copas es cosa de belarrimotzas“, decía (belarri motz: oreja corta; es decir, “no vasco”). Y se lanzó a regalar boinas a los deportistas o a personas ilustres que recibieran algún homenaje. Al principio se las bordaban las monjas adoratrices, pero la idea tuvo éxito y pronto tuvo que encargarlas en cantidades industriales. En 1968 se fue a los Juegos Olímpicos de México con un saco de boinas. Se acercó a Tommie Smith y John Carlos, los atletas negros estadounidenses que reivindicaron el Black Power en el podio, y les regaló unas txapelas. También viajó por medio mundo siguiendo al boxeador Urtain y poniéndole boinas cuando ganaba los combates.

La idea tuvo un curioso origen alcohólico y una ventaja evidente. “Lo de las txapelas se me ocurrió en un delirium tremens. Veía boinas por todas partes. Y por eso luego las hice de todos los tamaños, desde txapelas enormes para ponérselas a los deportistas hasta pequeñitas para colgar en el retrovisor de los coches. A los atletas les hace más ilusión una boina que una copa. No hay que andar limpiándolas, como los trofeos. Se sacude y ya está”.


Enredadas en Twitter

Enviado el 10 de Agosto por Leandro Pérez Miguel en El baúl

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Aeropuerto transparente

Enviado el 10 de Agosto por Allendegui en Vivencias

Mi vuelo llegó a la nueva terminal del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México: la terminal 2. Salimos  del avión y empezamos a desfilar como robots hacia la zona de inmigración.

El edificio en sí no me impresionó mucho, aparte de estar más agujereado que un queso y de tener tres plantas. Llegamos a un puesto de control y rellenamos un formulario sobre síntomas de gripe porcina. Seguimos avanzando y pasamos aduana. Bastante rápido. Finalmente, la zona de equipaje. Esa sí que me llamó la atención ya que a través de una cristalera, como un gran escaparate, se podía ver la labor de los maleteros descargando los equipajes de nuestro vuelo. “Eso sí que es transparencia“, pensé yo. Detrás mía, un señor no se conformó con pensarlo, y manifestó sus cavilaciones en voz alta:

- “Esto es transparencia… para que puedas ver cómo maltratan tus valijas”.

Lo más irritante es que, efectivamente, la transparencia no parecía importar mucho a los maleteros, que manipulaban el equipaje con rudeza. A mi alrededor podía observar los rostros demudados de algunos pasajeros que veían cómo sus maletas iban a dar contra el suelo con estrépito. En mi caso, he de decir que recuperé todos mis bultos íntegros.

Seguí andando y me llamó la atención que en la nueva terminal se preocuparan tanto por la salud de los viajeros, y es que hasta había señales para advertir a la gente se preocupara por sus talones. Supongo que cargar maletas deber ser muy malo para los pies.

También me dio la impresión de que era una terminal divertida, ya que al parecer había muchas bandas, supongo que amenizando el tránsito a los viajeros. Así que, salvando alguna contradicción, como una señal que para explicar cómo lavarte las manos te indicaba unos pasos, mi experiencia en la terminal fue buena.


2b or not2b

Enviado el 9 de Agosto por Juan José García-Noblejas en Humor gráfico

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Así parecen de sencillas las cosas en un Hamlet de baratillo. Pero si hay que dar posada a todos los personajes, van a quedar un poco prietos: porque -como es bien sabido- además de Hamlet y su duplex 2B or not2B, están Claudio, Gertrudis, Polonio, Ofelia, Horacio, Rosencrantz y Guildenstern (estos van juntos), Fortimbrás, Voltimand, Cornelio, Osric, Bernardillo, Francesco, Marcelo, Reinaldo, los Embamamadores de Inglaterra, los cómicos, un capitán noruego, un sacerdote, dos sepultureros, y luego, (según ande el presupuesto) damas, caballeros, oficiales, soldados, marineros, mensajeros y criados.

De todos modos, Mankoff señala bien la cosa hamletiana en el New Yorker, que es lo suyo. Lo malo hubiera sido toparse -en vez del duplex tradicional- con algo como ésto:

2benot2be

Esto sí que hubiera sido un desafío hamletiano de padre y muy señor mío, incluso contra el principio de no-contradicción. Y habría que hablar de la infinita distancia entre la “y” y la “o” en el asunto de ser “y/o” no ser… Pero si nos ponemos así de metafísicos, entonces la cosa perdería su dramatismo hamletiano y otras envidias típicas de Dinamarca, donde además se huele lo podrido… Mejor lo dejamos estar.

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Y yo que tú yo que tú ya no me moriría

Enviado el 8 de Agosto por J. en El baúl

que curioso que curioso empezar a leer Y yo que tú yo que tú ya no me moriría precisamente el día de tu cumpleaños. Para Javi que no sabía alemán y ni falta que hacía. Recuerdo el libro en el buzón yo abriendo el buzón que nunca abría. Barakaldo. Y un sobre y un remitente: Peter. Peter. Y dentro la novela y dentro la dedicatoria. Y leer el comienzo rápido muy rápido sin enterarme de nada como si la ansiedad prendiera fuego a las hojas y tan rápido que me dolía la cabeza te dolerá la cabeza me duele la cabeza y vuelta a empezar no empezando sino como empezara. Por la calle y en el autobús y en el metro releyendo la dedicatoria y riendo y luego Pippit de nuevo Como cuando acabas de abandonar la cárcel y tienes delante de la puerta un abanico de posibilidades abanicables: norte o sur o este y oeste o noreste y noroeste y suroeste y norsur y surnoreste o norestesur de tal manera que si piensas detenidamente la serie de decisiones que debes tomar volverás a entrar a la celda pidiendo por favor una condena generosa por un delito mínimo riendo solo no como el que ríe un ingenio sino con la satisfacción de un niño que aprende el significado de la palabra patata PA-TA-TA y repite PATATA PATATA PATATA muchas veces y así hasta transformar la patata en energía y la energía en feldespato.


Venderse por unos trajes

Enviado el 6 de Agosto por Rafael Guijarro en El baúl

Si hubiera que venderse, ni el más tonto de los socialistas o los peperos lo haría por unos trajes. La desmesura del cohecho indirecto está en el mismo origen del asunto: unos trajes, y, encima, de Milano, sastrería industrial que viste a todos los que necesitan traje para acudir a una entrevista de empleo, a la que hay que ir guapote pero sin gastar, no vaya a ser que no te lo den, y te quedes con tu traje para vestir santos. Algo así le sucedió a Simancas, aquel que iba para presidente de la Comunidad de Madrid y se hizo doce trajes, que no eran de Milano, sino mucho mejores, y luego no le salió bien la cosa, y los debe tener todavía en el armario, a la espera de alguna canonjía que está tardando demasiado en llegar. Los políticos y jueces y gente de esa calaña, que se han vendido, los hemos visto con chalés en las mejores zonas, con pieles y joyas de alto copete para sus parientas, con cochazos y yates de los que quitan el hipo, y sobre todo, con unas cuentas corrientes bien saneadas, en alguno de los paraísos fiscales de postín. Ya que se corre el riesgo de ir a la cárcel, como acabó pasando con Amedo, Domínguez, Roldán, Urralburu, Mario Conde, De la Rosa, el juez Estevill y algún otro que ya ni consta, y hay que tenerlo bien asegurado para después, y para que lo disfruten al menos los tuyos, mientras tú estás en la trena; no vaya a ser que además tu mujer y los niños se reboten contigo por lo que hiciste, sin dejarles nada más que el oprobio. Pero venderse por unos trajes de Milano sólo se le podría ocurrir a quien llegara a la conclusión de que los políticos del PP no se venden como los de otros partidos, o los empresarios y/o banqueros, sino por mucho menos, como si a los del PP se les comprara por cuatro perras, porque son como de segunda división, mientras que la pela larga de los sobornos de cinco estrellas quedará siempre reservada para políticos de primera, los que van a cambiarlo todo, porque sus antecesores eran tan tontos de remate que se vendían por unos trajes.

(Publicado en Andalucía Noticias)


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