Te duele la rodilla (o el hombro, o el codo, o la espalda, o…). Vas al médico de cabecera que te receta reposo, antiinflamatorios y analgésicos. Al cabo de un mes o dos, vuelves al mismo médico con el mismo dolor pero con el estómago un poco revuelto, acostumbrado ya a la diarrea cotidiana. Entonces el médico te envía al traumatólogo, otro médico, pero de la familia de los -logos. Te receta otros antiinfamatorios y otros analgésicos, o cambia la dosis de los mismos analgésicos. Puede que insista con el reposo o pase a los estiramientos, los masajes o las gomas (para fortalecer la musculatura). Un mes o dos meses después, vuelves más o menos como llegaste y te envía a los rayos X y te hacen caso con otra cara (de pasmo, de ignorancia). En los rayos no se ve nada, o no se sabe ver nada.
Un conocido recomienda otro traumatólogo (buenísimo), generalmente es un servicio privado, hay que pagar por fuera del servicio gratuito de sanidad. Suele vivir fuera de tu ciudad. Viajas. No hay demasiado cambio en tu diagnóstico y en la terapia. Ya los llamas traumato-legos. Haces otras pruebas: homeopatía, higiene postural, acupuntura, plantillas en los zapatos, fajas, natación…
Dos años después sientes cómo el dolor se acentúa como en los peores momentos.
Opciones:
-Vuelves a repetir la tournée (el bucle de los traumatólogos) como un hámster en el molino.
-Te has convertido en un traumatólogo de la vida y te automedicas.
-Escuchas los comentarios de otro veterano en traumatólogos que te medica.
-Sufres, y entonces pasas de los -logos a la familia de los psico-
Publicado originalmente en eresfea.







Leandro Pérez Miguel
28/8/2009
¿Y qué pasa con los -istas?
eresfea
29/8/2009
Esto se complica mucho… porque los -istas abren también la puerta a los -eros.
(acuarelero, butanista, o al revés…)
Allendegui
29/8/2009
Invirtiendo el orden de las letras, preferiría la familia de los “piscos”