Leo que Fernando Alonso ha entrado en la lista Forbes de los 100 famosos más ricos y poderosos del mundo, así que salgo a la plaza para comprobar cuánta es mi influencia en el entorno. Me detengo junto a una farola y enciendo un cigarrillo. En el banco de la izquierda, un grupo de padres charla distraídamente -ninguno se percata de mi presencia- mientras sus hijos se arrastran por el pavimento como limacos. Uno de los pequeños me observa desde el suelo con ojos de canica china:
Hola
Le sonrío, qué voy a hacer.
Hola
Sonríe también. Enseguida, otea el suelo y, estirando la mano gordezuela y mugrienta, coge una colilla pisada y se la mete a la boca. Chupa. Le hago gestos para que se deshaga de eso antes de que nadie lo vea, caca, caca, le susurro, caca. Miro con fingida cara de asco mi cigarro, aaahg, lo tiro al suelo y lo piso. Caca, repito. Mierda, grita el niño con la colilla pegada al labio. Todos los padres se vuelven hacia él al unísono. Muecas de espanto. Salgo por patas.







escéptico
13/8/2009
Claro, el niño pensaba que le estabas hablando de un jugador del Real Madrid. Él ha optado por “mierda”, que se entiende mucho mejor.