Llegué al restaurante después de una noche en vela. Pedí al camarero la carta casi maquinalmente y la leí por encimita. Se me nublaba la visión con tanta letra. Le pedí un filete con una cama de arroz y un vaso de leche de oveja.
En cuanto me los trajo, me tumbé en la cama de arroz. El camarero me preguntó:
- ¿Quiere algo más?
- Pues sí, fíjese que hace un poco de fresquito. Tráigame un queso sábana para taparme.
- Estupendo. Ahora mismo. ¿Y de postre?
- Por el postre no se preocupe, que espero tener dulces sueños.
(Publicado también en Allendegui)







Últimos Comentarios